May Lee Cosas

Teoría King Kong

TítuloTeoría King Kong

AutoraVirginie Despentes

Año de publicación: 2006

SINOPSIS

La diva punk de las letras francesas, escritora de novelas en las que las protagonistas ocupan posiciones tradicionalmente reservadas a los hombres y de la controvertida y censurada película Fóllame (2000), nos ofrece un ensayo en primera persona en el que se ataca a los tabúes del feminismo liberal: la violación, la prostitución y la pornografía.

MI NO-RESEÑA

He oído hablar de un hechizo que cuentan que es infalible. La verdad es que yo nunca lo he puesto en práctica, no he sentido la necesidad, pero es un conjuro sencillo y ya digo que muy eficaz: consiste en decir en Twitter que eres feminista. Al parecer evoca a los troles de las más profundas cavernas, que van corriendo a decir cosas feas y casi siempre absurdas al dueño del tuit conjurador.

Tengo que recordarme la existencia de esos seres cuando leo este tipo de libros/ensayos/cosas. Porque cuando lo estoy leyendo me parece todo tan lógico y hago mentalmente (y a veces físicamente, sí, soy ese tipo de persona) “aháaaaa” tantas veces…

nod

Así.

…que me cuesta recordar que hay gente machista en el mundo. O gente que no condena el machismo tanto como considero necesario condenarlo. O gente que en general no parece machista, pero resulta ser sexista. O… gente que ni siquiera tiene claro qué es el machismo, pero que no quiere ser transferida a ese grupo de mujeres enfadadas sin maquillar y con pelo corto que vienen de quemar sujetadores en la hoguera… (Ya hablé un poquitín de esto aquí.)

El caso es que creo que es un tema relevante y digno de no dejar de ser mencionado, porque lo que para algunos es ya cuestión de pulir los caminos de la ideología igualitaria, para otros puede suponer descubrir un mundo nuevo, o más bien abrir los ojos al mundo ya conocido para poder ver toda la porquería que lo rodea.

En cualquiera de esos dos casos, recomiendo leer Teoría King Kong, que escrito hace ya una década holgada, todavía tiene vigencia ahora, por desgracia.

Pero en vez de reseñarlo como acostumbro a hacer, me voy a limitar a copiar una de las partes que más me han gustado, porque me parece que resume muy bien, en fin, todo.

(…) Hoy escuchamos a hombres que se lamentan de que la emancipación femenina les desviriliza. Echan de menos un estado anterior, en el que su fuerza estaba enraizada en la opresión femenina. Olvidan que esta ventaja política que se les había concedido tenía un coste: el cuerpo de las mujeres pertenecía a los hombres; en contrapartida, el cuerpo de los hombres pertenecía a la producción, en tiempos de paz, y al Estado, en tiempos de guerra. La confiscación del cuerpo de las mujeres se produce al mismo tiempo que la confiscación del cuerpo de los hombres. Los únicos que salen ganando en este negocio son los dirigentes.

(…) Los hombres denuncian con virulencia las injusticias sociales o raciales, pero se muestran indulgentes y comprensivos cuando se trata de la dominación machista. Son muchos los que pretenden explicar que el combate feminista es secundario, como si fuera un deporte de ricos, sin pertinencia ni urgencia. Hace falta ser idiota, o asquerosamente deshonesto, para pensar que una forma de opresión es insoportable y juzgar que la otra está llena de poesía.

(…) Los padres pueden hacer saber a sus hijas que ellas tienen una existencia propia, fuera del mercado de la seducción, que poseen fuerza física, espíritu emprendedor e independiente, y pueden valorarlas por esta fuerza sin miedo a un castigo inmanente. Pueden hacer saber a sus hijos que la tradición machista es una trampa, una restricción severa de las emociones al servicio del ejército y del Estado. Porque la virilidad tradicional es una maquinaria tan mutiladora como lo es la asignación a la feminidad. ¿Qué es lo que exige ser un hombre, un hombre de verdad? Reprimir sus emociones. Acallar su sensibilidad. Avergonzarse de su delicadeza, de su vulnerabilidad. Abandonar la infancia brutal y definitivamente: los hombres-niños no están de moda. Estar angustiado por el tamaño de la polla. Saber hacer gozar sexualmente a una mujer sin que ella sepa o quiera indicarle cómo. No mostrar debilidad. Amordazar la sensualidad. Vestirse con colores discretos, llevar siempre los mismos zapatos de patán, no jugar con el pelo, no llevar muchas joyas y nada de maquillaje. Tener que dar el primer paso, siempre. No tener ninguna cultura sexual para mejorar sus orgasmos. No saber pedir ayuda. Tener que ser valiente, incluso si no se tienen ganas. Valorar la fuerza sea cual sea su carácter. Mostrar la agresividad. Tener un acceso restringido a la paternidad. Tener éxito socialmente para poder pagarse las mejores mujeres. Tener miedo de su homosexualidad porque un hombre, uno de verdad, no debe ser penetrado. No jugar a las muñecas cuando se es pequeño, contentarse con los coches y las pistolas de plástico aunque sean feas. No cuidar demasiado su cuerpo. Someterse a la brutalidad de los otros hombres sin quejarse. Saber defenderse incluso si se es tierno. Privarse de su feminidad, del mismo modo que las mujeres se privan de su virilidad, no en función de las necesidades de una situación o de un carácter, sino en función de lo que exige el cuerpo colectivo. De tal modo que las mujeres ofrezcan siempre los niños a la guerra y los hombres acepten ir a dejarse matar para salvaguardar los intereses de tres o cuatro cretinos de miras cortas.

Si no avanzamos hacia ese lugar desconocido que es la revolución de los géneros, sabemos exactamente hacia donde regresamos. Un Estado omnipotente que nos infantiliza, que interviene en todas nuestras decisiones, por nuestro propio bien, que -con la excusa de protegernos mejor- nos mantiene en la infancia, en la ignorancia y en el miedo al castigo y la exclusión. El tratamiento de favor que hasta ahora estaba reservado a las mujeres, con la vergüenza como punta de lanza que las mantenía en el aislamiento, la pasividad, la inmovilidad, podría ahora extenderse a todos. Comprender los mecanismos que nos han hecho inferiores y los modos a través de los cuales nos hemos convertido en nuestras mejores vigilantes, es comprender los mecanismos de control de toda la población. El capitalismo es una religión igualitarista, puesto que nos somete a todos y nos lleva a todos a sentirnos atrapados, como lo están todas las mujeres.

Si quieres saber más sobre mi sistema de puntuación puedes leerlo aquí.

Siguiente Entrada

Anterior Entrada

Dejar una respuesta

© 2024 May Lee Cosas

Tema de Anders Norén