Conversación con la oscuridad de Mariana Enriquez
|

Conversación con la oscuridad de Mariana Enríquez: una reflexión sobre el terror

Título: Conversación con la oscuridad

Autora: Mariana Enriquez

Año de publicación: 2026

Editorial: Páginas de espuma

Conversación con la oscuridad de Mariana Enriquez

Sinopsis

Conversar con nuestros miedos, con el terror, conversar con Mariana Enriquez. Asistir a un diálogo de Mariana con ella misma y su obra. Esta obra de la gran Mariana Enriquez nos propone pensar el gótico como dispositivo crítico, político y estético, desde una escritura que es leída desde su hibridez entre lo literario, lo cultural y lo histórico.

Las cinco vértebras que estructuran el libro reflexionan sobre la necesidad de un enfoque latinoamericano, atravesado por el trauma, la memoria y la desigualdad, entre otros temas centrales y pertinentes que permiten pensar en la ficción de horror de manera situada, pero sin perder de vista las relaciones con lo global.

Reseña de Conversación con la oscuridad, el libro que necesitaba mi alma

Tan solo con leer la introducción del libro ya me encontré subrayando un pasaje tras otro, obsesionada perdida con el texto.

Estudiar teoría del terror es algo que hago por placer en mi tiempo libre, como la friki que soy. Así que, cuando se me plantó la posibilidad de que Páginas de espuma me enviase Conversación con la oscuridad, mi gótico corazón se llenó de gozo.

Este gozo sería superado con creces al leer el propio libro, porque me encanta cómo Enriquez habla del género de terror (algo que no me pilla de nuevas porque me he hartado a ver podcasts y entrevistas de la autora precisamente por este motivo).

Conversación con la oscuridad es un librito que condensa muchísima historia y teoría en muy poco espacio. Es perfecto si te interesa sumergir un pie en las oscuras aguas de este género. Y es de lectura obligatoria si eres fan de la ficción de Enriquez.

Conversación con la oscuridad de Mariana Enriquez

Qué es el libro y cómo está organizado

En Conversación con la oscuridad, la autora analiza el género de terror y lo relaciona a su propia obra. Explica cómo se construyen las diferentes partes de una historia gótica y cómo ella se ha apropiado de sus herramientas en lo que describe como una mezcla del terror realista de Stephen King y el morbo romántico de Emily Brontë.

El libro se divide en cinco partes, cinco vértebras que exploran el género desde lo general hasta lo más concreto: el espacio, el tiempo, las subjetividades (las obsesiones y el duelo, entre otros temas), el cuerpo y el trauma.

Comienza con los orígenes del gótico, con El castillo de Otranto de Horace Walpole; pasa por su consolidación con Otra vuelta de tuerca de Henry James (enlace a mi reseña), y llega hasta a su propia reapropiación del género.

Es un ensayo perfecto si eres nuevo en el tema, porque empieza explicándonos lo más básico, como la distinción entre terror, horror y gore, o la diferencia entre el terror y el realismo mágico.

Pero también es perfecto si ya estás versado en el tema, porque relaciona todo lo que nos cuenta del gótico con la última dictadura argentina. Una dictadura que fue madre de suficientes horrores como para inspirar infinitos relatos terroríficos ligados a la realidad terrenal, sin necesidad de acudir a la historia y mitologías de otros lugares.

Y, de paso, nos cuenta cómo integra en su literatura las leyendas urbanas rioplatenses, así como testimonios periodísticos sobre la dictadura y violencia institucional.

El terror como género infravalorado

Otra de las cosas que hace Enriquez en este libro, es algo que yo intento en mi día a día ante todo aquel que esté dispuesto a escucharme: defender que el género de terror suele tacharse de entretenimiento superficial como resultado del elitismo cultural.

Creo que lo explica a las mil maravillas en este párrafo:

El terror fue considerado durante mucho tiempo —en el ámbito español— un género asociado al entretenimiento, y considerado poco serio, menos apto para hablar de cosas importantes. La resistencia no es estética, sino ideológica, pues una cultura que establece jerarquías entre lo que puede hablar acerca de temas graves y lo que no, está ejerciendo un poder sobre los materiales y sobre las voces que lo trabajan. Ese ejercicio de poder tiene nombre en el contexto latinoamericano: clasismo. Relegar las leyendas urbanas, la mitología argentina, las historias sobrenaturales de los pueblos originarios a la superstición y a los relatos orales que no entran en la literatura es algo bastante clasista que se repite en la literatura latinoamericana.

Mariana Enríquez, Conversación con la oscuridad, p. 161.

También añade que las nuevas generaciones de escritoras están cambiando esta situación, aunque no podemos pasar por alto porque la inercia de este clasismo sigue siendo fuerte.

Y doy fe de esa fuerza porque es algo a lo que me enfrento en el día a día cada vez que salgo de mi burbuja: la gente sigue mirando el terror por encima del hombro, igual que a otros géneros históricamente considerados inferiores. Tal y como comenté en mi artículo “Qué son los géneros y por qué en realidad da igual, pero está bien saberlo”, esta forma clasista de alabar unas literaturas por encima de otras es una tradición que tiene literalmente miles de años.

Como dije en ese artículo, el problema es que esa actitud elitista ignora algo esencial, que las obras que pertenecen a esa supuesta “cultura baja” llevan siglos tratando temas complejos con profundidad. Los mundos imaginarios o sobrenaturales están lejos de ser una forma de escapismo menor. Por el contrario, son el vehículo perfecto para pensar en poder, opresión, género, trauma, violencia o tecnología con una libertad que el realismo no suele permitir.

O, como dice Enriquez aquí:

(…) el terror trabaja materiales que el realismo tiende a neutralizar, encarna figuras que el lenguaje documental no puede producir, y mantiene abierta una herida que el relato ordenado tiende a cerrar demasiado pronto.

Mariana Enríquez, Conversación con la oscuridad, p. 162.

Conversación con la oscuridad de Mariana Enriquez

Las herramientas del gótico

Tras poner sobre la mesa las bases del género, la autora nos sumerge en el gótico y sus piezas clave.

Habla de la magia y sus herramientas, del tiempo y más cuestiones, todas ellas interesantísimas. Pero las que más resaltan en mis apuntes son el espacio y, dentro del tiempo, concretamente el vampiro.

Cuando lo conocido deja de ser seguro

El espacio, la casa, el entorno que conocemos, cuando deja de ser un lugar seguro, puede convertirse en un elemento que genera esa tensión gótica. Enriquez nos habla en detalle de la profunda incomodidad de saber que ya no se está a salvo en el espacio en el que deberíamos sentirnos a salvo. Esa sensación de no saber de dónde viene el mal rollo y la opresión, pero no poder dejar de sentirlos. Una sensación inevitable para quien conoció la dictadura.

También habla de las ruinas, desde los castillos del gótico inicial y hasta las ruinas modernas; de las partes desaparecidas de los inicios de internet, del que ya no quedan pruebas; de los espacios liminales y de la figura del laberinto, desde el Minotauro hasta las burocracias actuales.

Y menciona cómo diferentes estilos dentro del gótico transforman las características previamente establecidas. Por ejemplo, el gótico sureño, que hace que la oscuridad deje de ser un requisito para pasar miedo.

El vampiro como espejo de su época

Una de mis partes favoritas de Conversación con la oscuridad es el análisis de la figura del vampiro en relación con el tiempo. Hace un repaso, tan breve como magistral, por los diferentes tipos de vampiro a lo largo de las décadas.

Empezando por Stoker, que llevó a Drácula las preocupaciones victorianas y llega hasta las últimas décadas: el vampiro que trata la ruptura familiar (Mi corazón no late si no se lo dices, película de 2020), el movimiento queer (True Blood, serie de 2008-2014), el acoso (Déjame entrar de John Ajvide Lindqvist), la obsesión por la juventud de la saga de Crepúsculo y su apreciación por el Nosferatu de Robert Eggers (que, por supuesto, comparto, no me verás llevarle la contraria a Enriquez en todo este post. Puedes leer aquí mi reseña de esta película).

De esta forma, nos muestra cómo el vampiro, una figura aparentemente inmutable, se adapta a los tiempos y refleja las diferentes preocupaciones sociales de cada época.

Conversación con la oscuridad de Mariana Enriquez

El cuerpo

Otra de mis secciones favoritas de este libro es la que trata del cuerpo en el terror.

Aquí encontramos el antes y el después que supuso el Frankenstein de Mary Shelley, al hacer que el monstruo deje de ser algo que le ocurre a la sociedad, para pasar a ser lo que la sociedad produce.

También menciona La metamorfosis de Kafta y su metáfora de “la enfermedad como proceso de exclusión” (p. 132).

De ahí pasa al control sobre los cuerpos como sistema de poder, una idea que ilustra con Carrie de Stephen King:

King captó algo que en 1974 no estaba del todo articulado: que la violencia contra el cuerpo adolescente de una mujer tiene una función social, sirve para establecer los límites de lo tolerable. Una pedagogía del miedo.

Mariana Enríquez, Conversación con la oscuridad, p. 137-138.

En esta parte sobre el cuerpo, Enriquez también aprovecha para comentar sobre el Ozempic (que ha conseguido que el cuerpo gordo se convierta en marca de clase) e incluso de la menopausia.

Y nos invita a reflexionar sobre este tema con El hijo de Rosemary de Ira Levin (Rosemary’s Baby en el original y La semilla del diablo en su título en español con spoiler incluido de la película).

La mención de esta novela o su adaptación siempre me alegra, porque creo que es un ejemplo perfecto para ilustrar por qué el terror no solo es genial en sí mismo, sino también como herramienta para transmitir mensajes complejos.

El hijo de Rosemary permite ver el control sobre el cuerpo de la protagonista como algo objetivamente terrorífico porque Satán es terrorífico. De esta manera, nos deja asimilar la lección sobre el profundo terror, que en realidad viene del patriarcado, sin que nos demos cuenta.

Así, a través de todos estos ejemplos, podemos ver cómo el terror permite hacer visible algo que la vida cotidiana suele normalizar: la falta de control sobre el propio cuerpo y la autoridad que otras personas e instituciones ejercen sobre él.

Conversación con la oscuridad de Mariana Enriquez

El sufrimiento y las formas de narrarlo

Enriquez menciona los trastornos alimentarios y por qué, al abordar este tema en su literatura, elige:

(…) no patologizar lo que ya está siendo padecido, no añadir a la condena que el personaje se aplica a sí misma la condena externa del texto que la juzga.

Mariana Enríquez, Conversación con la oscuridad, p. 151.

Por si eso fuera poco, se adentra en la autolesión y su significado más profundo, que consigue resumir en muy poco espacio. En esta ocasión lo hace utilizando como ejemplo Heridas abiertas de Gillian Flynn (y su adaptación a serie):

Su piel es el único archivo que nadie pudo quitarle. El cuerpo como última superficie disponible para una narrativa que todos los otros soportes rechazaron. (…) La autolesión no es solo un síntoma de algo que hay que curar; es también un intento de comunicación a través del único canal disponible.

Mariana Enríquez, Conversación con la oscuridad, p. 151.

Lo que me parece especialmente interesante de este enfoque es que Enriquez no se limita a representar el sufrimiento de sus personajes, sino que se niega a añadirle una condena moral. No intenta reducir sus experiencias a un diagnóstico que nos permita cerrar el tema y apartarlo, sino que trata de comprender qué hay detrás de ellas y qué están intentando expresar.

El sufrimiento no siempre se refleja en el cuerpo como consecuencia de una acción ajena, y es mucho más fácil tachar a alguien de loca que intentar entenderla.

Creo que una de las grandes virtudes de Enriquez es precisamente su capacidad para mirar de frente esas heridas sin convertir a quienes las sufren en culpables.

El trauma

La exploración del trauma y de cómo se refleja en la literatura de terror es uno de los pilares más importantes de este libro. Tiene su propia sección, pero también es una de las hebras que unen todas las demás partes.

Los fantasmas son precisamente una personificación del trauma: encarnan a quienes se han quedado atrapados en el dolor y la injusticia que sufrieron, incapaces de pasar página.

Esta interpretación convierte al fantasma en algo más que una presencia sobrenatural. Es la forma que adopta aquello que no se ha podido resolver; heridas que siguen reclamando atención mientras el resto del mundo intenta olvidarlas.

Podría estar hablando de esto hasta el infinito y añadir 200 citas más. Es súper interesante todo lo que da de sí esta idea en el terror y cómo lo desglosa Enriquez. Pero he optado por no entrar más en el tema, porque ya bastante me estoy explayando para la reseña de un libro de 250 páginas. Socorro. Es todo demasiado interesante.

Conversación con la oscuridad de Mariana Enriquez

En conclusión

Así, capítulo tras capítulo, Mariana Enriquez nos ilustra sobre el terror mientras demuestra un manejo del género tan sobrenatural como los fantasmas de los que escribe.

Lo que para mí destaca sobre todo es la capacidad de Enriquez para condensar ideas complejas en muy pocas líneas. Da justo en el clavo una y otra vez: con su resumen de la historia del vampiro, su síntesis de Carrie, su comentario sobre el Ozempic, su elección sobre cómo hablar de trastornos alimentarios, su forma de observar las autolesiones… y con todo lo demás.

Conversación con la oscuridad es denso en todo lo que contiene. Porque no hay una sola página que no esté repleta de nutrientes literarios. Es profundamente estimulante, sobre todo si ya eres fan del género o de la propia autora.

Después de leerlo, me queda todavía más claro que el terror no necesita justificar su importancia. Es un género que lleva mucho tiempo hablando de aquello que normalmente evitamos mirar. Y Enriquez consigue recordárnoslo con una claridad que hace que te apetezca volver a leer tanto sus libros como los de todos los autores que aparecen en estas páginas.

Se lo recomendaría a cualquier lector interesado en el terror, el gótico y las relaciones entre literatura, cultura, violencia y sociedad.

Yo me he pasado el libro asintiendo sin parar, cual un muñequito en el salpicadero del coche.

Conversación con la oscuridad de Mariana Enriquez
Yo leyendo Conversación en la oscuridad.
Las lecturas que me ha provocado

Entre las muchas menciones literarias que puedes encontrar en este maravilloso ensayo, esta es la lista de cosas que me ha dado ganas de leer:

  • El reloj de sol de Shirley Jackson.

  • Un Lun Dun de China Miéville.

  • «N» de Arthur Machen.

  • «Informe sobre ciegos» de Ernesto Sabato.

  • «No mueras» un artículo de la propia Enriquez sobre el Nosferatu de Eggers (te dejo aquí el enlace).

Conversación con la oscuridad de Mariana Enriquez

··· Esta es una reseña del libro leído en español ···

Si te ha gustado esta reseña, suscríbete a mi Substack para no perderte nada. 💌

Ahora puedes escuchar las reseñas en el nuevo podcast, disponible en Substack, Spotify y Apple Podcasts. 🎙️

También puedes encontrarme en Instagram y Letterboxd.

May Lee Cosas

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *