Las únicas adaptaciones que me gustan
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Las únicas adaptaciones que me gustan

Soy bien conocida en mi barrio como Hater Nivel Premium de casi cualquier adaptación. Pero es que no es culpa mía si el libro es casi siempre mejor, yo no hago las reglas.

Las únicas adaptaciones que me gustan
“Acabo de ver una película genial.” Persona que ha leído el libro (o sea yo): “NO.”

Aun así, a lo largo de los años han existido películas capaces de traspasar la gruesa capa de hielo que hay alrededor de mi corazón. Y hoy vengo a hablar de las cinco adaptaciones que están a la altura de sus libros originales.

Interpretación, atmósfera, dirección, guion, cosas añadidas, cosas omitidas, personajes, fotografía, ritmo… Hay un sinfín de cuestiones que hay que transformar para llevar una obra del papel a la pantalla. Pero ¿qué hace que una adaptación sea buena? ¿Es lo mismo ser fiel al original que ser una buena adaptación? ¿Qué es lo que hace que no sintamos que la película ha traicionado al libro?

No sé si voy a contestar a alguna de estas preguntas, pero te traigo opiniones al respecto.

Romeo + Julieta (1996)

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Dirigida por Baz Luhrmann.

Romeo + Julieta no pretende traducir a Shakespeare para un público moderno, sino que encuentra una forma moderna de expresar lo que ya había en Shakespeare. Cambia radicalmente la estética clásica y el contexto al que normalmente se asocia esta historia, pero conserva y potencia cosas fundamentales de la obra original.

Los diálogos están prácticamente tal cual en la obra de teatro. La película entiende que la exageración y el melodrama que ya están presentes en Shakespeare, y lo que hace es trasladar esta intensidad a la estética. Con este enfoque visual, la película te hace sentir la pérdida de control de los personajes en cada secuencia.

Cuando volví a ver esta película después de estudiar a Shakespeare en la universidad, mi veneración por ella renació con más intensidad que nunca, como el amor de Romeo por Rosalinda. Cientos de detalles de iconografía cristiana aparecen con maestría en todos los recovecos del filme, acompañando y agrandando la historia. Además, las pistolas tienen nombre de espada, la televisión es una entidad omnipresente, y la banda sonora es contemporánea. Pero, debajo de todo eso, la historia es exactamente la misma que escribió el amigo William.

La interpretación de todo el elenco, el vestuario, el montaje, la fotografía, la escenografía, la acción… Cada parte está pulida hasta el último milímetro y acompaña la narración. La violencia traída al frente de la historia, con armas de fuego y persecuciones en coche, hace que el enfrentamiento entre apellidos deje de ser una disputa abstracta entre nobles para convertirse en una guerra urbana y tangible.

Algunos detalles sublimes que incorpora incluyen a Mercutio como Drag Queen, Claire Danes como la Julieta más Julieta de la historia de las Julietas, y Leonardo DiCaprio, a la tierna edad que todavía tienen sus novias, gritando “¡Soy el juguete del destino!” bajo la lluvia, que es un momento que muchos de los concursantes de La isla de las tentaciones suelen imitar.

El conjunto hace inevitable entender qué está pasando a nivel emocional, incluso aunque no entiendas todos los versos. Además, mantiene los toques de comedia del original. Y, pese a toda la estética propia de MTV, el desenlace no está edulcorado. Mantiene la estructura trágica y hace que el absurdo de la muerte de los protagonistas sea brutal porque, gracias a la química entre DiCaprio y Danes, nos creemos que están convencidos de que su amor es absoluto.

Es una adaptación altamente infiel en la superficie y profundamente fiel en todo lo que importa.

Tuve la suerte de ver Romeo + Julieta en el cine este año, gracias a un ciclo de Cinesa con motivo de San Valentín[♥]. La volvería a ver en la gran pantalla cada año si tuviera la oportunidad.

Matilda (1996)

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Dirigida por Danny DeVito.

La Matilda de Roald Dahl es una de las primeras reseñas que publiqué en el blog. Tal y como mencioné entonces, lo que inspiró en parte al autor a escribir esta novela infantil fueron el sistema escolar inglés y el trato que él mismo había sufrido. De esta manera, tanto el libro como la película adoptan el punto de vista infantil, donde los adultos aparecen como ignorantes y ridículos, y la escuela es un lugar extremadamente opresivo.

Matilda (1996) mantiene el humor macabro de Dahl, que no escribía cuentos infantiles “bonitos” sin más. La película es exagerada, absurda, a menudo grotesca y bastante siniestra, a pesar de su tono optimista.

Los actores y su caracterización parecen haber salido directamente de las ilustraciones del cuento. Pam Ferris hace que Trunchbull sea ridícula y aterradora al mismo tiempo y la interpretación de Mara Wilson como Matilda es impecable.

Además, traslada maravillosamente el placer de leer de la protagonista. La lectura para Matilda no es solo una característica del personaje, sino que es su forma de escapar del entorno negligente en el que ha sido criada y de crecer por su cuenta muy a pesar de él. Consigue que la lectura parezca una aventura en sí misma y creo que este es uno de los mayores motivos por los que tantas niñas lectoras nos identificábamos con Matilda.

La versión de DeVito es muy fiel a la novela, pero no intenta reproducir literalmente cada página de Dahl. Incluye cambios, condensa y reorganiza algunos de los elementos de la historia y le da más importancia a otros. Pero lo hace de manera que mejora la historia para el cine, porque entiende a la perfección lo que hace que el libro sea tan satisfactorio: que, por una vez, sea el niño quien tiene razón.

Las vírgenes suicidas (1999)

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Dirigida por Sofia Coppola.

Puedes leer mi reseña completa de la novela de Las vírgenes suicidas y su comparación con la película aquí. En esta reseña dejé de lado mi enfoque habitual de mirar la adaptación con condescendencia y traté ambas obras por igual. Tal vez porque vi la película antes de leer el libro, tal vez porque la película está efectivamente a la altura del libro. Puedes decirme qué crees en los comentarios. Te resumo aquí lo que ya dije en esa reseña.

La versión de Coppola comprende que el libro no trata realmente de las cinco hermanas Lisbon. Es consciente de que la historia está construida a través de un grupo que lleva años observando desde fuera a estas chicas a las que nunca llegamos a conocer de verdad, y consigue mantener esa distancia. Entiende la contradicción de que las chicas son las protagonistas y, a pesar de eso, no tenemos ningún acceso a ellas.

El narrador colectivo es algo difícil de adaptar, pero la película encuentra una solución visual y consigue transmitirlo a través de miradas, fotografías, fragmentos de conversaciones, rumores, recuerdos y objetos, como piezas de un puzle imposible de resolver.

Es profundamente fiel al libro porque decide no resolver el “misterio”. No hay una explicación definitiva y lo único que podemos hacer es formular hipótesis, igual que el narrador plural que nos lo está contando.

Sofia Coppola se centra en el tono melancólico, al que da más importancia que a la trama. Así, consigue recrear con creces la sensación que produce la novela, construyendo la película como un recuerdo lleno de nostalgia, confusión y tristeza.

El diablo viste de Prada (2006)

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Dirigida por David Frankel.

El diablo viste de Prada, escrito por Lauren Weisberger es un libro en el que la autora se quedó más ancha que larga despotricando sobre su antiguo trabajo como ayudante de Anna Wintour en Vogue. Yo leí la novela con 17 años y me gustó mucho, me reí un montón.

No puedo defenderlo porque, además de que han pasado millones de años y no me acuerdo de la mayor parte, mi criterio estaba menos refinado por aquel entonces. Pero, a raíz de la nueva secuela, he visto reseñas que aseguran que el punto de vista del libro es bastante infantil, con la protagonista no queriendo hacerse responsable de ninguna de sus decisiones. Me creo estas críticas, ya que, precisamente, lo que hace graciosa la historia es la demonización de la jefa. Por eso, la película de El diablo viste de Prada no solo está a la altura del original, sino que puede que sea incluso mejor que el libro en el que se basa.

La película potencia al máximo el personaje de Miranda Priestly, la villana a la que no podemos evitar seguir amando 20 años después del estreno de la película. Convierte al personaje en algo más complejo que una jefa simplemente monstruosa, haciéndola aterradora, elegante, divertida y fascinante al mismo tiempo. Esto es posible gracias a la siempre maravillosa Meryl Streep, que hace inevitable creerse al personaje.

Además, la película no deja la moda como tema central, sino que usa ese entorno como escenario para preguntarnos hasta dónde estamos dispuestos a adaptarnos para triunfar y habla de algo más universal: la experiencia de que el trabajo se coma tu vida. Es una adaptación excepcional porque elige perfectamente qué conservar, qué condensar y qué transformar para que funcione como una historia redonda. (No se puede decir lo mismo de El diablo viste de Prada 2… 😪)

La maldición de Hill House (2018)

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Dirigida por Mike Flanagan.

También hablé de esta adaptación en la reseña que hice del libro de Shirley Jackson. Creo que es el ejemplo más extremo de la lista para demostrar que una buena adaptación no tiene que ser necesariamente fiel al original. Citándome a mí misma en esa reseña:

La serie ignora por completo la trama de la novela y se queda solo con las características clave de la historia. Como si hubieran vaciado el escenario para jugar con nuevas marionetas en él.

El terror de Jackson no necesita castillos medievales o demonios. Sus novelas demuestran que el terror puede surgir de eventos mundanos, y eso es justo lo que conserva la serie. Incluso cuando la adaptación se vuelve espectacular, su núcleo sigue siendo doméstico.

En la novela, la casa es importante, pero el verdadero terror está en la incertidumbre, en la percepción, en la psicología y en la posibilidad de que lo sobrenatural esté mezclándose con la mente de la protagonista. La adaptación de Flanagan parte de esa idea y la amplía con el exquisito uso de la casa, el trauma, la familia, el duelo, la adicción…

De esta manera, Hill House deja de ser un edificio con fantasmas del montón y se convierte en un espacio que absorbe y amplifica las vulnerabilidades de quienes viven en él. Las historias cambian radicalmente de un medio a otro, pero lo que permanece como base es la sensación de no poder confiar en tus propios sentidos.

La serie parece contar una historia de fantasmas, pero en realidad está hablando sobre padres que no pueden proteger a sus hijos, hijos que no pueden desprenderse de sus traumas, y familias atrapadas en la culpa y el resentimiento. Así que Hill House pasa a ser la forma física de una familia rota.

La serie también introduce una mitología mucho más elaborada para explicar lo que la novela deja como una incógnita. Esta es la parte que menos me gustó de la serie. Además, prefiero el desenlace ambiguo de la novela. A pesar de eso, la estética está tan tan bien hecha y los fantasmas y momentos de terror dan tanto mal rollo, que le perdono esa parte.

Mike Flanagan ha entendido tan bien el corazón de la novela que puede permitirse contar otra historia.


[♥]El ciclo de San Valentín de Cinesa, además de Romeo y Julieta, incluyó los hits 500 días juntos (2009) y 10 razones para odiarte (1999). De estas tres películas, dos son adaptaciones de Shakespeare, dos incluyen a Joseph Gordon-Levitt, y dos son bastante depresivas. No sé en qué estaban pensando cuando planearon el ciclo, porque este conjunto de películas a mí no me da vibes de San Valentín en absoluto. Pero me gustaría dar las gracias personalmente al emo de Cinesa al que dejaron a cargo porque hizo la misma selección que habría hecho yo.

¿Cuáles son tus adaptaciones favoritas? Dímelo en los comentarios.

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May Lee Cosas

 

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