De naturaleza violenta (In a Violent Nature) es un slasher experimental canadiense de 2024 que se situó entre mis películas favoritas del año pasado.
Escrita y DIRIGIDA POR: Chris Nash.
GÉNERO: terror, Cine experimental, slasher.
SINOPSIS
La película sigue a un asesino que acecha a un grupo de adolescentes que lo han resucitado sin querer. Lo que tiene de especial y de experimental dentro del subgénero es que todo se observa desde la perspectiva del asesino, que no tiene ni una sola frase de diálogo.
In a Violent Nature es una de las películas de terror estrenadas el año pasado que más me sorprendió. Es fascinante, hipnótica y simplemente buena. Al menos si te gustan los slashers. Si este subgénero no es lo tuyo, mejor ignórala.
De naturaleza violenta reinterpreta el slasher desde una perspectiva nueva. En este tipo de cine (por ejemplo, las franquicias de Halloween, Viernes 13, Pesadilla en Elm Street o Scream,) lo normal es seguir a los típicos adolescentes que acabarán siendo víctimas. The Cabin in the Woods (2010) ya diseccionó esto muy bien, desde las características del género hasta los tipos de adolescente que encontramos en él la mayoría de las veces. Pero, en este caso, lo que vemos es la historia contada a través del punto de vista del asesino. Aunque yo lo llevaría un paso más allá todavía, porque creo que más bien está hecha desde el punto de vista del bosque, que observa imparcial todo lo que sucede en su interior.

Una de las características más llamativas que tiene es que depende por completo del sonido, pero la banda sonora no tiene ninguna música que acompañe la acción. Es un silencio constante que convierte cada crujido, cada respiración y cada paso en una parte esencial de la narración.
Este diseño sonoro es increíblemente detallado: el asesino avanza por el bosque con un “crunch, crunch, crunch” que casi parece más un vídeo de ASMR que una película de terror. El sonido no solo impulsa la historia, sino que marca el ritmo, define al personaje y determina las muertes, ya que el asesino encuentra a sus víctimas al oírlas moverse.

Muchos critican que es lenta y sí, es verdad, es muy lenta, pero es una lentitud completamente intencional. Es parte de la atmósfera, del pulso de la película, y precisamente lo que la hace tan efectiva.
Los momentos importantes para las víctimas, las partes que estaríamos viendo si fuera un slasher al uso, suceden fuera de plano. Los adolescentes son figuras de fondo, casi como NPCs de un videojuego, lo que acentúa aún más el punto de vista distante del relato.
El resultado es un slasher lento, contemplativo y también brutalmente gráfico. Las escenas de gore son explícitas, exageradas y, si tienes un gusto parecido al mío, muy divertidas. Las muertes son creativas, rodadas sin cortes y tienen un realismo impresionante.
Destaca especialmente la escena de la chica del yoga, aunque el resto no se quedan atrás: cabezas partidas, cuerpos aplastados, huesos rotos… todo ejecutado delante de la cámara. A nivel de efectos especiales también es una maravilla y espero conseguir alguna edición especial en formato físico para poder ver todo el making of posible; el sueño erótico de cualquier maquillador de fx.

Tiene mucho worldbuilding, pero no te lo da en bandeja, tienes que estar atento a la película y fijarte en todos los detalles. Rinde homenaje a los clásicos del género, especialmente a Friday the 13th: el asesino, Jhony, recuerda mucho a Jason Voorhees. Se dedica a buscar el collar de su madre (el objeto cuyo robo lo ha resucitado), tiene una deformidad en el rostro, vaga por el bosque con su camisa de franela y observa a los adolescentes desde la distancia.
Tiene guiños a películas que no existen. Sabemos que no es la primera vez que resucita, como si hubiéramos entrado en un Viernes 13 parte 7 sin haber visto las 6 anteriores. Como si siguiéramos a un Jason que ya está curtido y va a lo suyo, haciendo sus cosas, impasible a los muchos cadáveres que va dejando atrás.
También vemos cómo oye al fondo a los adolescentes planear qué van a hacer y es inevitable pensar en que probablemente Jason también iba así por su pelis, escuchando adolescentes intentar hacer planes, mientras iba haciendo «crunch, crunch», sin prisa, pero sin pausa.
El tramo final cambia ese punto de vista estático que hemos tenido el resto de la película para ir con la final girl. Aunque seguimos escuchando el movimiento del hacha, pero no queda claro si viene del recuerdo o del miedo de la final girl en cuestión.
Una mujer en coche rescata a la única superviviente y aquí es donde la mayoría de slashers terminarían, pero este no. Vemos a la señora intentar mantener despierta a la final girl, contándole una historia sobre un oso que mataba pero no devoraba, que suena a mito que se cuenta en el pueblo para explicar las historias truculentas que ocurren en ese bosque desde que Jhony murió. Es mucho más fácil eso que entender que en realidad es un asesino sobrenatural.
Lo más interesante de este final es que a pesar de que van en coche y de que sabemos que Jhony va andando muy lentito, pasamos todo este rato con la sensación de que va a volver a aparecer en cualquier momento. Pero no ocurre. Deja ese cierre inquietante y realista que deja ver que en una experiencia así, ni siquiera los supervivientes pueden tener un final feliz.
Finalmente, Jhony recupera su colgante, que es lo único que el pobre hombre quería todo este tiempo. Un final poético, seco y coherente con el tono de toda la película.
En pocas palabras
In a Violent Nature es una obra muy consciente de sí misma y hecha con verdadero cariño por el género. Se nota que está hecha por y para gente que ama los slashers: abraza sus clichés y no le da miedo reconocer las partes más estúpidas de este subgénero, ni reírse de sus excesos. Es una experiencia sensorial, lenta y brutal. Una joya del terror moderno.
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