May Lee Cosas

Black Christmas de 1974, 2006 y 2019

Black Christmas de 1974, 2006 y 2019 es una trilogía de slashers, que en realidad está lejos de ser una trilogía. Y la primera ni siquiera es un slasher porque los slashers no existían cuando se estrenó, ya que fue precisamente Black Christmas (1974) la que sentó sus bases.

Comparten el título y la premisa, pero son tres películas muy distintas, separadas no solo por décadas, sino por intenciones, discursos y contextos culturales.

Las versiones de 2006 y 2019 no continúan una historia ni desarrollan un universo común, sino que reinterpretan (o traicionan) la idea original desde perspectivas radicalmente diferentes.

En realidad, más que una trilogía, Black Christmas es un ejemplo sobre cómo un mismo título puede dar lugar a tres películas que no se parecen nada entre sí.

Esta reseña triple puede contener spoilers
La contaminación cruzada de los spoilers, por así decirlo

Para poder hablar de las películas un poco más allá de lo superficial, tengo que mencionar algunos detalles de las mismas. No voy a hablar de ninguna de las tramas en profundidad, pero si no quieres que te estropee nada y solamente te interesa saber si creo que merecen la pena o no, te lo resumo: la original del 74 es un peliculón, la de 2006 es muy estúpida y te la puedes ahorrar, y la de 2019 es para verla aparte y con la mente abierta.

A continuación procedo a elogiar la de 1974, odiar la de 2006 y defender a muerte la de 2019.

black christmas

Aunque no fue un gran éxito en su estreno, con el paso de los años ha sido reivindicada como una obra fundamental del terror y una pieza clave en la historia del slasher. Dirigida por Bob Clark (el mismo responsable de A Christmas Story, una de las comedias navideñas más populares de Estados Unidos), Black Christmas (1974) ha alcanzado un estatus de culto que no ha dejado de crecer y que vengo a defender.

DIRIGIDA POR: Bob Clark.
PROTAGONIZADA POR: Olivia Hussey, Keir Dullea, Margot Kidder.

SINOPSIS

Mientras se preparan para las vacaciones de navidad, las estudiantes de la sororidad Pi Kappa Sigma empiezan a ser acosadas y a recibir llamadas telefónicas obscenas.

RESEÑA DE BLACK CHRISTMAS (1974)

La Black Christmas original es una película realmente incómoda que consigue dar muy mal rollo, incluso vista desde una perspectiva contemporánea. Esto se debe en gran parte a la figura de Billy y, en concreto, en su voz al teléfono: fragmentada, infantil, obscena y cambiante, construye una presencia monstruosa sin necesitar un cuerpo visible para ello. Este recurso es tan eficaz que se convirtió en uno de los elementos más imitados del cine de terror.

John Carpenter ha reconocido su influencia directa a la hora de hacer Halloween (1978), la película que estableció los slashers, lo que convierte a Black Christmas (1974) en uno de los cimientos de este subgénero.

La película anticipa muchas de las convenciones que más tarde se darían por sentadas, como el espacio doméstico como lugar de amenaza o el ya icónico concepto de «la llamada viene de dentro de la casa».

Temas principales

Antes de que los slashers establecieran un orden casi ritualizado en la muerte de las víctimas según sus cualidades, Black Christmas (1974) presenta un grupo de mujeres que no entran en ninguno de los ahora clásicos estereotipos. Todas ellas son mujeres socialmente inaceptables de algún modo. Beben, discuten, se equivocan, toman malas decisiones y tienen opiniones propias, como personajes complejos, contradictorios y humanos.

La película no solo fue adelantada a su tiempo, sino a varias décadas posteriores, algo que se hace muy evidente con el «remake» de 2006. El subtexto feminista de la de 1974 es claro: las mujeres aparecen como piezas dentro de un mundo que pertenece a los hombres, constantemente vigiladas, juzgadas o infantilizadas.

Black Christmas (1974) es, además, una de las pocas películas estadounidenses de los años setenta que habla del aborto de forma abierta y directa. No teme posicionarse ni hacer una crítica explícita al patriarcado, a la negación de la autonomía femenina y al control sobre los cuerpos de las mujeres.

A diferencia de lo que terminaría convirtiéndose en la norma de los slashers, aquí el sexo no funciona como un marcador moral. Black Christmas no castiga la sexualidad femenina.

En este contexto, la representación de la policía es muy significativa. Todos los policías que aparecen son altamente incompetentes, pero sin que esto sea un alivio cómico. No hay ironía, ni caricatura, simplemente hacen mal su trabajo. Esto refuerza la sensación de indefensión y subraya una de las ideas principales de esta película: las instituciones que deberían proteger a la gente fallan de forma sistemática, especialmente cuando se trata de ayudar a las mujeres.

El foco narrativo: las víctimas

Como cuentan mis cinéfilas favoritas en el episodio dedicado a Black Christmas (1974) del podcast This Ends at Prom, esta no es la película de Billy. El director elige deliberadamente no desarrollar su pasado ni ofrecer una explicación cerrada sobre su origen. La cámara y el relato se centran en los ataques y, sobre todo, en las mujeres que los sufren. Billy es el asesino, pero no es el protagonista.

Esta decisión narrativa es crucial. Al no convertir la historia en el relato del trauma del agresor, la película se permite dedicar tiempo y atención a sus personajes femeninos, dotándolos de complejidad y agencia. Las víctimas no existen para “pagar” por la historia de otro; la historia es la suya.

Este enfoque contrasta de forma muy clara con gran parte de las películas de este género que se hicieron después, donde el asesino termina acaparando el interés y las víctimas se reducen a funciones narrativas.

En conclusión

Si te gustan los slashers, Black Christmas (1974) es de visionado obligatorio. No solo es uno de los cimientos del género, sino también una obra sorprendentemente moderna en sus planteamientos temáticos y narrativos.

Muchas de las convenciones que hoy damos por sentadas nacen aquí: desde el concepto de “la llamada viene de dentro de la casa” hasta el uso de la voz distorsionada como elemento de terror, que franquicias como Scream siguen homenajeando abiertamente.

Pero más allá de su importancia histórica, Black Christmas (1974) sigue funcionando porque entiende que el verdadero terror no está solo en el asesino, sino en el sistema que permite que las mujeres estén desprotegidas y sean constantemente cuestionadas. Y eso, por desgracia, sigue siendo aterradoramente actual.

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Black Christmas (2006) llega más de treinta años después del original en un contexto completamente distinto. Más que una actualización, la película funciona como una relectura libre que usa el título y algunos elementos para construir algo nuevo.

El resultado es una obra que se aleja deliberadamente del espíritu de 1974 y que plantea una forma muy diferente de entender el terror, el slasher y a sus personajes. Está escrita y dirigida por Glen Morgan.

Glen, tenemos que hablar.

DIRIGIDA POR: gLEN mORGAN.
PROTAGONIZADA POR: Katie Cassidy, Kristen Cloke, Andrea Martín.

SINOPSIS

Cuando las residentes de la sororidad Pi Kappa Sigma se están preparando para las vacaciones de navidad, un extraño empieza a hacerles llamadas con dudosas intenciones.

Reseña de Black Christmas (2006)

Es muy gracioso que la sinopsis oficial de Black Christmas (2006) sea la misma a la de la película de 1974, cuando esta iteración tiene tan poco que ver con la original. Más que un remake, la película funciona como una especie de remake/reboot + secuela (o «requel») que utiliza la estructura básica de la obra de Clark para contar una historia completamente distinta, con objetivos, tono y mensaje alejados del largometraje original.

Compararla directamente con Black Christmas (1974) es absurdo porque son películas totalmente diferentes. Están hechas para generaciones distintas, con una concepción del terror radicalmente distinta y con códigos estéticos opuestos.

Donde la original apostaba por la incomodidad y el suspense, la versión de 2006 opta por muertes rápidas, abruptas y carentes de tensión progresiva. Los asesinatos aparecen de la nada y desaparecen igual de rápido, sin tiempo para que el miedo se asiente.

Los personajes femeninos también suponen un retroceso notable. Todas las chicas parecen compartir la misma personalidad, marcada por una energía constantemente hostil y caricaturesca. La complejidad y diversidad de características que definían a las protagonistas de 1974 se sustituyen aquí por un grupo homogéneo, diseñado más como acompañamiento de la trama que como sujetos con entidad propia.

El foco narrativo: la película de Billy

Estos cambios están directamente relacionados con la decisión central de la película: el foco narrativo se desplaza por completo hacia Billy. Black Christmas (2006) dedica una cantidad considerable de tiempo a mostrar su infancia a través de flashbacks, explicando su origen traumático y vinculándolo explícitamente con la Navidad.

De esta forma, Billy se convierte en el eje del relato, mientras que el resto de personajes existen principalmente para sostener su historia. En este sentido, la película hace justo lo contrario que la original, donde la ausencia de explicación sobre el asesino era una elección consciente y eficaz. Aquí, esa explicación no solo no era necesaria, sino que diluye el terror de la trama.

Del camp a la transfobia

A nivel estético, Black Christmas (2006) está muy bien hecha. También consigue ser entretenida gracias a lo exagerada que es y a que tiene una acción casi constante. Hay algunos momentos que funcionan precisamente porque son llevados al absurdo. Además es una película consciente de sí misma: no pretende tomarse en serio y es ahí donde reside la mayor parte de su atractivo.

Pero todo eso da igual cuando la película es lo transfóbica que es. La decisión de representar a Agnes con un hombre con peluca es terrible. Hicieron que este personaje femenino lo interpretara un señor como forma de representar una aberración fruto de la endogamia.

No se les ocurrió nada mejor para mostrar lo abominable de este ser comeojos que una mujer que parece un hombre. Utiliza la ambigüedad de género como recurso para provocar repulsión. Una vez señalado este aspecto (para mí gracias a escuchar el análisis antes mencionado de This Ends at Prom; también en el capítulo sobre la Black Christmas de 1974), resulta imposible ignorarlo, haciendo que el resto de defectos de la película sean insalvables.

En conclusión

Gracias a lo mala que es, ayuda a ver por qué la original es tan buena. Black Christmas (2006) es una obra que intenta apoyarse en lo excesivo y lo estúpido para resultar entretenida. El problema es que su enfoque narrativo, su empobrecimiento de los personajes femeninos y, sobre todo, su transfobia implícita, pesan mucho más que sus aciertos estéticos o su tono autoconsciente.

Frente a la original, esta versión no solo pierde complejidad, sino que transforma una historia centrada en las víctimas en un relato que prioriza al monstruo, con resultados problemáticos.

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Por último tenemos Black Christmas (2019), que es la entrega más reciente y, con mucha diferencia, la peor valorada de las tres en Letterboxd; un rechazo que dice tanto de la película como del contexto en el que se estrenó.

Concebida como una reimaginación abiertamente política, su recepción fue llamativamente hostil, convirtiéndola en el ejemplo más claro de cómo esta “trilogía” funciona también como termómetro cultural de cada época.

DIRIGIDA POR: Sophia Takal.
PROTAGONIZADA POR: Imogen Poots, Aleyse Shannon, Lily Donoghue.

SINOPSIS

Chicas de una sororidad empiezan a ser acosadas por un extraño durante las vacaciones de navidad. Hasta que una de ellas descubre que el asesino es pare de una conspiración secreta de la universidad.

Reseña de Black Christmas (2019)

Black Christmas (2019) es, de forma explícita, una película hecha desde el enfado. Sus guionistas la han definido como una manifestación sobrenatural de la misoginia, y esa declaración de intenciones cubre toda la obra. Se trata de una película sobre mujeres, dirigida por mujeres, que habla abiertamente de machismo estructural, cultura de la violación y violencia sistemática. No intenta disimular su postura ni suavizar su discurso, y gran parte del rechazo que ha generado proviene justo de ahí.

La película fue recibida con un nivel de hostilidad desproporcionado, en gran medida porque plantea un conflicto frontal entre mujeres y hombres, donde estos últimos aparecen como villanos planos y poco matizados. Sin embargo, esta crítica suele ignorar un doble rasero habitual: cuando películas dirigidas por hombres representan a personajes racistas, homófobos o violentos, rara vez se cuestiona el valor del filme por ello. Se asume que se está retratando a un tipo concreto de persona. Cuando ese mismo mecanismo se utiliza para hablar de machismo desde una perspectiva femenina, la reacción cambia. Ese rechazo tiene un nombre, y es misoginia, lo cual refuerza de forma irónica la necesidad de una película como esta.

Es importante señalar que Black Christmas (2019) no afirma que “todos los hombres sean así”. La película retrata un perfil muy específico: hombres blancos, heteros, cis, de clase media-alta, integrados en el sistema de fraternidades universitarias estadounidenses. No es una elección aleatoria. Las agresiones sexuales dentro del llamado “sistema griego” son un problema ampliamente documentado, y la película apunta directamente a ese núcleo de poder, privilegio e impunidad. Que algunos espectadores se ofendan por este retrato y respondan con el clásico “no todos los hombres” dice más de ellos que de la película.

no se esconde

Una de las críticas más habituales es la falta de sutileza en su discurso feminista. Sin embargo, cabe preguntarse por qué debería ser sutil. El cine de terror ha sido históricamente uno de los espacios donde se han abordado temas tabú de forma directa y provocadora, como hizo Black Christmas (1974) al tratar el aborto. En ese sentido, la versión de 2019 continúa esa tradición, aunque desde un contexto social distinto y con un lenguaje acorde a su tiempo.

Afortunadamente, las creadoras de Black Christmas (2019)* dicen estar tranquilas sabiendo que a esta película le pasará lo mismo que a Jennifer’s Body (2009): una película incomprendida que se llevó un chasco enorme en taquilla. Fue despreciada por la crítica y por el público en su estreno debido al terrible marketing que tuvo. Con el paso de los años, después de que su público objetivo haya tenido tiempo para redescubrirla, se ha convertido en un clásico de culto. Así que no resulta descabellado pensar que esta Black Christmas vaya a vivir un destino similar.

En conclusión

Parafraseando a This Ends at Prom, el mayor pecado de Black Christmas (2019) es llamarse Black Christmas. Más allá del título, se trata de una película que critica de forma abierta la violencia machista y la cultura de la violación, y que, en espíritu, se parece más a la original de 1974 que a la versión de 2006.

Sus protagonistas son personajes femeninos complejos, imperfectos y enfadados, y la película no pide permiso ni perdón por darles voz. Que haya generado tanta incomodidad es, precisamente, la prueba de por qué hacen falta películas así.

Conclusión de conclusiones

En conjunto, las tres iteraciones de Black Christmas funcionan menos como una saga coherente y más como un reflejo de las ansiedades, debates y límites de cada momento histórico.

La película de 1974 utiliza el terror para hablar de control, violencia estructural y autonomía femenina con una lucidez adelantada a su tiempo; la de 2006 desplaza ese foco hacia el asesino, vaciando de significado a sus víctimas y convirtiendo el terror en un espectáculo autoconsciente, problemático y superficial; y la de 2019 recupera el impulso político de la original, aunque lo haga desde el enfado explícito y sin sutileza. Ninguna de las tres es intercambiable, y su recepción dice tanto del contexto en el que se estrenaron como de las propias películas.

Black Christmas no es una franquicia que evolucione de forma lineal, sino un ejemplo claro de cómo el cine de terror puede ser un espacio incómodo donde se debaten abiertamente las mismas preguntas una y otra vez: quién tiene el control, quién puede contar la historia y quién termina pagando con su vida, su seguridad o su bienestar mientras otros ejercen el poder o permanecen impunes.

*Hablan de esto y mucho más en la entrevista que hicieron con, de nuevo, It Ends At Prom.

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