May Lee Cosas

Frankenstein de Guillermo del Toro

La adaptación de Frankenstein dirigida por Guillermo del Toro es, ante todo, una declaración de amor a los monstruos. Algo que a nadie le pilla por sorpresa viniendo del director mexicano. Del Toro lleva más de dos décadas explorando criaturas marginadas, incomprendidas o rechazadas por la sociedad, y la historia de la criatura creada por Víctor Frankenstein es prácticamente el mito fundacional de ese tipo de narrativas.

DIRIGIDA POR: Guillermo del Toro.
PROTAGONIZADA POR: Jacob Elordi, Mia Goth y Oscar Isaac.
GÉNERO: Terror, aventura, ciencia ficción.

Es algo bien sabido que Frankenstein, la novela de Mary Shelly publicada por primera vez en 1818, considerada por muchos como el punto de partida de la ciencia ficción, nunca jamás ha sido adaptada de manera fiel a la gran pantalla.

La idea que siempre hemos tenido del monstruo de Frankenstein y de su historia a través del cine ha quedado bastante alejada de las ideas que explora la novela.

El imaginario colectivo está dominado por versiones que simplifican el texto hasta convertirlo en una historia de terror formada por un científico arrogante, un experimento que sale mal y una criatura torpe, y a veces violenta, que provoca caos a su paso. Sin embargo, la obra original es muy diferente: una tragedia profundamente romántica, construida sobre la ambigüedad moral, la responsabilidad y la soledad.

En este contexto, la adaptación de Guillermo del Toro es especialmente interesante, no tanto por lo que mantiene del texto original, sino por lo que decide transformar. La pregunta no es si la película reproduce todos los eventos de la novela, sino si logra capturar su núcleo emocional y filosófico. Y es aquí donde la propuesta de del Toro resulta tan fascinante como problemática.

Libro vs. película

Donde la novela original construye una dualidad compleja entre Víctor Frankenstein y su criatura, dos figuras que funcionan como reflejos deformados el uno del otro, ambos culpables y ambos víctimas, la película opta por una simplificación mucho más exagerada.

El Víctor de del Toro pierde toda la ambigüedad. Ya no es un joven arrogante que ha cometido un error terrible y debe enfrentarse a sus consecuencias, sino un personaje completamente cruel, egoísta y emocionalmente inaccesible.

Es verdad que en la novela Víctor es arrogante, pero también hay arrepentimiento, miedo y una conciencia progresiva del daño causado. En la película, por el contrario, esa evolución queda reducida a un cambio final que no termina de cuajar.

Por su parte, la criatura sufre una transformación inversa. Mientras que en el texto original es el responsable de actos muy violentos como respuesta al rechazo sistemático que sufre. Esto obliga al lector a hacerse preguntas incómodas sobre la responsabilidad, la venganza y la construcción de lo que es un «monstruo». En la película, en cambio,  se convierte en una figura inocente, que solo ejerce violencia de manera accidental o en defensa propia.

Esta decisión, aunque coherente con la sensibilidad habitual de del Toro hacia lo monstruoso como símbolo de lo marginado, elimina uno de los núcleos más perturbadores de la novela: la idea de que tanto el creador como la criatura comparten culpa.

Frankenstein de Guillermo del Toro

El resultado es una historia que pierde buena parte de su complejidad moral. Porque si Víctor es simplemente cruel y la criatura es simplemente buena, desaparece el conflicto central del Frankenstein de Shelley. Deja de haber un diálogo entre las diferentes formas de sufrimiento, y tampoco hay reflexión sobre cómo la sociedad puede corromper a un ser que ha nacido inofensivo.

En su lugar, esta película presenta una lectura mucho más cerrada, en la que el mensaje de que Víctor es el verdadero monstruo se formula de manera explícita, casi didáctica. Donde Shelley se plantea preguntas, del Toro ofrece respuestas. Y al hacerlo, le quita al espectador la posibilidad de llegar a esa incomodidad llena de dudas, o de participar activamente en el dilema moral.

A esto se suma la introducción de elementos que no aparecen en la novela, como la figura de un padre abusivo para Víctor, que sirve para justificar su comportamiento. Este tipo de decisiones refuerzan la tendencia de la película a explicar en lugar de dejarnos pensar; a simplificar en lugar de profundizar.

Incluso en aspectos temáticos fundamentales, como la tensión entre libre albedrío y destino, o la idea del «moderno Prometeo» que desafía los límites de la naturaleza, la película opta por una lectura más directa, menos ambigua; más accesible, pero también menos rica.

Sin embargo, reducir la película a estas limitaciones sería injusto, porque hay mucho en ella que funciona maravillosamente bien.

Diseño de producción

Ha ganado tres Oscars: a mejor vestuario, mejor maquillaje y peluquería, y mejor diseño de producción. Y con razón. Visualmente, Frankenstein (2025) es, sin exagerar, una obra deslumbrante. El trabajo de diseño, vestuario y maquillaje no solo es impecable, sino muy, muy expresivo.

Cada elemento parece lleno de significado: los materiales de la ropa, la texturas, las formas y, sobre todo, el uso del color construyen un lenguaje propio que aporta capas de lectura que el guion por sí mismo no alcanza.

El color rojo, asociado a la madre de Víctor y a la sangre, funciona como un hilo emocional que atraviesa la película. El verde introduce a Elizabeth como figura ligada a la naturaleza. Y el azul marca ciertas figuras y momentos de autoridad.

La paleta de colores va evolucionando según el punto de vista narrativo y demuestra un control muy consciente del lenguaje cinematográfico. Por ejemplo, transita hacia tonos pastorales cuando aparece la criatura.

En ese sentido, el vestuario juega un papel especialmente importante. No se limita a ser precioso, sino que actúa como extensión psicológica de los personajes. Los vestidos de Elizabeth, con referencias visuales que van desde estructuras orgánicas hasta patrones que recuerdan a radiografías, reflejan sus inquietudes y su lugar dentro del relato.

Es una película que construye significado desde lo visual, un lenguaje que del Toro domina especialmente bien.

Frankenstein de Guillermo del Toro

Mia Goth como Elizabeth.

En general, el largometraje está formado por un sinfín de detalles que aportan a la narración, como el hecho de que Víctor solo beba leche, reforzando su dependencia emocional y su incapacidad de desprenderse de la figura materna. Y también hay decisiones formales muy interesantes como el uso del movimiento de cámara, que va variando según el momento de la historia.

A nivel de interpretación también es una maravilla. Los actores transmiten toda la intensidad que el guion requiere, coherentes con el tono del relato, aunque estén al servicio de una visión más simplificada de los personajes.

En conjunto, la película mantiene una identidad muy clara: es, sin lugar a dudas, una obra de Guillermo del Toro, con todo lo que eso implica en términos de sensibilidad y estética.

En conclusión

En última instancia, este Frankenstein no funciona como una adaptación fiel de la novela, ni tampoco como una reinterpretación que amplíe su complejidad. Funciona, más bien, como una lectura personal que prioriza la emoción y la estética sobre la ambigüedad moral o la profundidad filosófica.

Esto deja una sensación agridulce porque, por un lado, estamos ante un filme bellísimo, cuidado hasta el último detalle y con una identidad artística muy marcada; por el otro, nos encontramos con una historia que, al simplificarse, pierde justo aquello que hace de Frankenstein un clásico fascinante.

Así que sí, esta es una iteración muy emo del monstruo de Mary Shelley, que creo que sigue sin haber conseguido adaptación fiel. Pero, adaptaciones aparte, Guillermo del Toro sigue siendo uno de mis directores favoritos. Y creo que, a nivel técnico, ha conseguido en esta película lo que ya hizo con Crimson Peak hace diez años: una fábula oscura, una fantasía gótica impecable, en esta ocasión con un presupuesto mayor al que sabe cómo sacarle todo el partido posible.

Frankenstein de Guillermo del Toro

Arriba: Crimson Peak (2015). Abajo: Frankenstein (2025).

Se dice, se comenta que del Toro quiere hacer una adaptación de El fantasma de la ópera y aquí me encontraréis cruzando los dedos por que se haga realidad. Para saciar tus necesidades de cine gótico hasta entonces, puedes leer mi reseña de Nosferatu de Robert Eggers.

Si te ha gustado, suscríbete a mi lista de correo para recibir un email mensual con el resumen de las últimas publicaciones. 💌

También puedes encontrarme en Instagram y Letterboxd.

May Lee Cosas

Siguiente Entrada

Dejar una respuesta

© 2026 May Lee Cosas

Tema de Anders Norén